los sufridores de la grada

Publicado: noviembre 28, 2008 en General, Opinión

baloncesto”padrerizado” (influenciado o dominado por los padres)

Cuando lo leí me pareció una tontería, un intento de introducir un nuevo neologismo algo snob, para describir una situación que no existe, o que no es para tanto. Pero después de pensarlo bien y mirar a mi alrededor y a mí mismo, he de reconocer que uno de los últimos comentarios colgados en este blog, en el post sobre el enfrentamiento de los infantiles del Basket Cartagena, “alb64” tiene algo más que razón, cuando afirma que el baloncesto que vivimos en las categoría base está “padrerizado”, es decir, tenemos clubes de baloncesto que depende demasiado de los padres (y madres, por supuesto) de los jugadores que lo componen.

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Los “padres” y “madres” de jugadores somos una especie de lo más variopinta, por un lado somos imprescindibles para que el equipo funcione, ya que además de pagar religiosamente las cuotas que impone el club, se requiere nuestra participación para que nuestros hijos acudan a los entrenamientos, para que seamos delegados de equipo y delegados de campo, para participar con nuestros coches en los desplazamientos del fin de semana, incluso para que no nos cabreemos cuando nuestro hijo suspende en el cole y le permitamos seguir acudiendo a los entrenamientos y no intentemos quitarlo del equipo.

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Pese a toda esta carga de trabajo, en general, los padres de jugadores de baloncesto somos relativamente tranquilos, nos gusta asistir a nuestro partido semanal, tomar buenas fotos, pasar un rato agradable viendo jugar a nuestros hijos, y hacer turismo por los distintos pabellones de la Región de Murcia. En las fotos de abajo vemos a un grupo de padres del Infantil masculino B del Basket Cartagena, muy relajados durante la visita a Lorca para jugar con el Eliocroca. 
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Pero, desde luego, muchas veces nos podemos convertir en elementos peligrosos, capaces de desestabilizar a un equipo e incluso al mismo club. En el reciente cursillo para entrenador de iniciación que realicé en Salesianos, los profes ya nos advertían a los alumnos de ese curso de la importancia de la relación con las padres, de que estos conozcan los objetivos del equipo que dirigimos y que evitemos situaciones tensas fundamentalmente al final de los partidos, sobre todo si hemos perdido y vemos venir al padre o los padres del niño que menos ha jugado en el partido a hablar con nosotros.

Y es que los sufridos padres-madres, solemos ser los únicos espectadores de los partidos en las categorías más inferiores, y por tanto los que más intentamos enseñar a los árbitros con nuestras críticas constructivas, dado nuestro profundo conocimiento de las reglas del baloncesto (aprendidas en los partidos de la tele con Pedro Barte y Andrés Montes, entre otros), como se debe de pitar un partido, y a regalarle en ocasiones algún obsequio desde la grada (bote de refresco o similar). No obstante hay que reconocer, que el deporte de la canasta comparado con el futbol, es un deporte aristocrático de caballeros flemáticos ingleses capaces de aguantar sin chistar el más descarado de los robos de partidos. 

Encima, y aprovechando las nuevas tecnologías, además de darle a la “sin hueso” durate los entrenamientos y en los partidos, también somos capaces de escribir en los foros y de poner como hoja de perejil al entrenador de turno que tiene la desfachatez de no poner a nuestro hijo a jugar los 40 minutos que dura el partido, y encima no les dice a los demás jugadores que le pasen siempre la pelota. Y por si todavía faltaba algo, algunos de los sufridísimos padres son capaces de pensar y de crear un blog, donde publican las opiniones más peregrinas y sacar a relucir los supuestos trapos sucios del club, que se deberían haber lavado en privado.

Y no contentos todavía con esto, los más inquietos, se ofrecen voluntarios para ocupar puestos en los equipos y en la directiva, e incluso, y no miro a nadie, hacen cursos de entrenadores para entrar en el grupo de los que parten y reparten el bacalao durante los partidos.

 

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Muchos diréis que esto no es más que una exageración, y es escribir por escribir, y que lo mismo pasa en el resto de los deportes donde hay categorías base, y que todo ello va ligado a la condición de padre. Bien, algo de verdad hay en ello, y los padres son padres en todos los deportes, pero he de reconocer que si analizó al club que pertenezco y a algunos clubes de baloncesto de mi entorno, el porcentaje de padres-entrenadores y padres-directivos me parece significativamente muy alto.

¿Pero, es esto tan malo? Que quieres que te diga, dependerá por supuesto del padre, pero por muy objetivo que intente ser en sus apreciaciones, la cabra siempre tira al monte, y cuando se trata de discutir asuntos que afectan al equipo donde juega el hijo, se pierde la objetividad y algo más, salvo por supuesto honrosas excepciones, y no me refiero al que escribe, que por supuesto son excepciones que confirman la regla.

¿Se puede hacer algo? Por supuesto, hacer un club grande donde quepan muchos aficionados y que cuente con una masa social amplia en donde se elijan periódicamente a sus directivos, esto garantiza la independencia en la toma de decisiones y evita la aparición de clubes “padrerizados”, donde los padres que ya no tienen hijos en el club y que formaban parte de la directiva, dejan el puesto a otros padres que empiezan con sus chavales en las categorías inferiores.

No obstante, en absoluto estoy en contra de que los padres colaboren, ni mucho menos, tendría la cara muy dura si criticara eso, y luego yo fuera delegado de equipo y ayudante del primer entrenador del infantil B y cadete masculinos del Basket Cartagena. La mayoría de los clubes tienen un pírrico presupuesto y toda ayuda es poca. El problema siempre surgirá en los puestos con mayor poder de decisión que estén integrados en la junta directiva, donde el porcentaje de padres de jugador debe de existir, faltaría más, pero no debería superar el 25% del total de la directiva, e incluso ser algo menor.

Esta es mi opinión, equivocada o no, por supuesto discutible, y mi reto será sin duda, el seguir colaborando con mi actual club, cuando mis hijos ya no jueguen al baloncesto o lo hagan con otros equipos, entonces además de mi experiencia, puede que aporte la objetividad, que actualmente por razones obvias me puede faltar. Sigamos pues implicándonos en el baloncesto cartagenero, pero que esta implicación dure más allá de la etapa en las que nuestros hijos pertenezcan al club.

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comentarios
  1. elrondador dice:

    Vaya, no podría estar más de acuerdo contigo. Efectivamente, ese es el reto: que los padres que actualmente colaboran en los clubes sigan haciéndolo cuandos sus hijos ya no estén en el club…

    Lo que pasa es que esto es muy, muy difícil… ya que si el hijo no sigue en el club sería, salvo desgracia personal que no quiero ni pensarlo, por decisión propia del jugador o porque el club no cuenta con él. En el primer caso la colaboración de ese padre es probable que pueda continuar… pero en el segundo caso lo veo más complicado, quizás por eso que comentas de que “la cabra siempre tira al monte”. En fin, cada cierto tiempo se observa esto. A ver si las cosas empiezan a cambiar.

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