“¿Alguna vez te he contado que me ha caído un rayo?… 7 veces!”

Publicado: agosto 9, 2010 en Opinión

Creo que muchos de nosotros, sobre todo los que ya no vamos a cumplir los 50 años, nos planteamos que haríamos si el tiempo volviera hacia atrás y el destino nos diera la oportunidad de volver a vivir nuestra vida con los conocimientos que ahora tenemos. Una porcentaje considerable de los “encuestados”, sobre todo a los que la vida les ha tratado con cierto favoritismo, aunque a veces con un poco de disimulado cinismo, afirman que volverían probablemente a tomar las mismas decisiones, a elegir la misma profesión, seguirían siendo del Madrid o del Barça, y acabarían teniendo la misma pareja o parejas sentimentales, etc., etc., … Pero eso sí, la mayoría aseguran que disfrutarían más de esos momentos que ya vivieron y de las pequeñas cosas que a veces pasan desapercibidas y a las que por rutinarias no les damos valor.

Todo ello, aunque queda muy bien, en muchos casos dista bastante de ser sincero y de ser verdad. Algunos en cambio, quizás no muchos, y por supuesto dentro de este grupo posiblemente estarían la mayoría a los que la vida les ha dado varios reveses, y por esos desengaños quizás, se sinceran más, y reconocen sin tapujos haberse equivocado y que cambiarían totalmente de actitud en el caso de una segunda oportunidad. Este grupo admiten sin disimulo que tomarían decisiones distintas frente a los estudios, elegirían otra profesión e incluso apuestan que además no habrían acabado con la misma pareja.

Quizás “el mantenerla y no enmendarla”, dependerá casi siempre de lo a gusto que cada uno se sienta consigo mismo y de cómo consideremos que nos ha tratado la vida, aunque una vez llegado el momento, y si se dieran los mismos condicionantes, es más que probable que al final todo acabara igual que cuando se vivió por primera vez.

Hay una frase que encierra en mi opinión una gran verdad, y que es quizás bastante más profunda de lo que parece a simple vista. Esta frase, se cita en la película de “El curioso caso de Benjamin Button”, y afirma que “la vida sólo tiene sentido yendo hacía atrás, pero estamos obligados a vivirla hacia delante”. En mi humilde opinión, esto refleja con bastante exactitud lo poco que valoramos las cosas cuando suceden, y lo mucho que podemos aprender cuando contemplamos desde el presente nuestras decisiones del pasado y de cómo influyeron en lo que ahora somos.

Un segundo componente, o lectura de esta frase, podría referirse a los bueno que sería tomar las decisiones cuando somos jóvenes sabiendo o teniendo la experiencia de cuando tengamos veinte años más, haciendo no sólo que esas decisiones sean más sensatas, sino que además seríamos capaces de vivir esos acontecimientos con una mayor intensidad y disfrutándolos mucho más, de lo que lo hacemos en nuestra vida diaria.

Es posible, que todo esto suceda por que el ser humano valora más las cosas y las desea mucho cuando no las tiene, pero cuando las consigue, sobre todo si las logra con fortuna y poco esfuerzo, suele no apreciarlas y piensa de forma equivocada que durarán para siempre. La juventud, los padres, los abuelos, el colegio, etc., no escapan a las leyes del tiempo y el espacio, y tienen fecha de caducidad. No aprovechar lo bueno de ellos cuando los tenemos a nuestro lado, es desperdiciar la oportunidad de vivir situaciones únicas, y de acumular recuerdos que es lo único que nos quedará en nuestro atardecer de la vida, cuando las fuerzas anden ya muy escasas y el futuro sea algo que tienen los demás, pero que nosotros ya hemos agotado.

Esos recuerdos de las experiencia vividas será lo que nadie nos podrá arrancar, incluida la propia muerte, dado que si hemos sido capaces de compartirlos con los demás y nuestros seres queridos, ellos mantendrán vivo ese recuerdo en las generaciones venideras y esos recuerdos no acabarán con nuestra muerte.

Como también se afirma en esa película, “nunca es demasiado tarde o pronto para ser quien queremos ser”,  y además “no hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras”. Es decir, lo importante es hacer las cosas sin importarte la edad que tienes o cuando las haces, y hacerlas sobre todo si nos gustan o nos sentimos atraídos por ellas.

Ahora que por las vacaciones tengo un poco de tiempo de libre, algo de lo que no disfruto el resto del año, me ha servido para releer las entradas de este blog, y ver las opiniones que tenía hace más de dos años, cuando lo creé en diciembre de 2007, y compararlas con mis opiniones actuales. Con la lectura de estas entradas, he podido comprobar desde la perspectiva del tiempo mis propios errores, y no me refiero a las faltas de ortografía precisamente, que las hay por supuesto, sino a errores de apreciación o de cálculo, regalando alguna que otra afirmación de forma gratuita, o haciendo juicios de valor, partiendo quizás de premisas equivocadas.

Pese a todo ello, es claramente positivo el balance de estos años de existencia del blog. Como persona aficionada a este deporte y enganchada a él, me alegro de haber sacrificado horas de sueño y de tiempo libre para plasmar mis opiniones en él. A nivel personal supone una cierta realización de un deseo que tenía desde hace tiempo, pero lo más importante, es que la gente de tu entorno, aunque no las comparta, sepa cuales son tus opiniones y como vives el deporte de la canasta, y te comente cuando te ve si les gustó o les pareció un ladrillo insufrible lo que han leído en la última entrada. Por supuesto siempre habrá posts más aburridos o más divertidos, más formativos o más lúdicos, más polémicos o más consensuados, pero en definitiva se trata de entradas con tus opiniones personales expuestas de forma abierta y sincera a todo aquel que las quiera leer.

Pero sobre todo, lo que si me he dado cuenta, es de la importancia de los recuerdos. En esta vida acelerada en la que los hechos ocurren a una velocidad de vértigo, donde apenas tenemos tiempo de asimilarlos, el escribirlos, además de un sana costumbre, te va a permitir revivirlos y analizarlos desde la perspectiva del futuro y de las consecuencias que esos hechos tuvieron o no tuvieron en nuestra vida. Comprobar lo que hicimos bien, lo que hicimos menos bien, y por supuesto lo que hicimos mal, es algo que beneficia nuestro espíritu y nos ayuda a no volver a repetir errores de antaño.

Para acabar me despido con otra frase sacada de esta película, al igual que el título de esta entrada, y que también nos invita a reflexionar, “la vida no se mide en minutos, se mide en momentos”, esos momentos  son los que formarán nuestra vida al final del camino y los que nos dirán si ha merecido la pena o no vivirla. No nos quedemos pues quietos, no tengamos miedo al ridículo o al menosprecio de los demás, o bien a que nos domine la pereza o la desgana, vivamos muchos momentos para que nuestra vida sea muy larga y compartámoslos con los demás para que perduren en el tiempo.

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comentarios
  1. macarena dice:

    esta pelicula me encanta la veo casi todos los dias y en especial me gusta la parte dode el viejito dice alguna ves te he contado….que me ha caido un rayo 7 veces? jajajja

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