imprevistos previsibles

Publicado: octubre 7, 2010 en Opinión

Si algo he aprendido en los años que llevo ligado como padre al baloncesto en categorías de base, es que siempre hemos de estar preparados para reaccionar ante los imprevistos, y que estos casi siempre suelen llegar en forma de  lesiones deportivas, aunque también pueden ocurrir otras circunstancias y anécdotas, como averías del autobús, fenómenos meteorológicos como gotas frías y nevadas en la Región de Murcia, etc. Pese a que cualquiera de estos imprevistos puede terminar afectando de forma indirecta a la celebración de un partido o los desplazamientos que estos conllevan, es evidente que los más habituales suelen ser las lesiones deportivas. Por ello podríamos considerar a la lesión deportiva como un “imprevisto previsible”.

Para que estas aparezcan, da igual que estemos en un entrenamiento, en un partido amistoso o en un partido de competición oficial. Da igual que ganes de 40 puntos o pierdas de 20 y falten dos minutos para que acabe el partido. No obstante, siempre tienen fama de aparecer en el momento más inoportuno y cuando menos te las esperas. Todos somos capaces de recordar varios casos cercanos de estas lesiones producidas en el pabellón durante un entrenamiento o un partido, y no es cuestión de particularizar, ni empezar a relatarlos. No obstante, lo que si suele suceder, es que cuando vivimos un caso muy de cerca, solemos darnos de cuenta del escaso o nulo material que existe en los pabellones de la región para poder atender estos “imprevistos”, no ya de forma adecuada y profesional, si no de forma mínimamente decente.

Todos tenemos en mente la imagen de padres, delegados, técnicos o familiares, saliendo rápidamente a la carrera del  pabellón para buscar hielo en el bar más cercano, por que no nos hemos traído nuestro botiquín, o bien en ese pabellón no se dispone de un botiquín de primeros auxilios, o bien lo hay, pero nadie se ha encargado de reponer los réflex, bolsas de hielo, cremas antiinflamatorias, esparadrapos, vendas u otros utensilios, que se han ido gastando y que nunca están cuando los necesitas. En mi opinión, creo que casi todos nosotros tenemos que entonar el “mea  culpa”, ya que los botiquines que deben de disponer todos los equipos, y de los que el delegado de equipo suele ser la persona que debe de cuidar de que estén disponibles,  siempre solemos llevarlos en los partidos donde nadie se lesiona, y por la puñetera Ley de Murphy, siempre se nos olvidan en los partidos o el entrenamiento donde se ha producido algún tipo de percance.

Pero el problema pude tener implicaciones más amplias, ya que también podríamos discutir si además de este material de andar por casa, o básico, en cada pabellón tiene que haber además otros tipo de material o instrumentos más específicos para atender urgencias médicas como desfibrilador, ambú, material de  intubación orotraqueal, agujas, hilos de sutura, etc., es decir una pequeña enfermería con una camilla y su equipamiento de material. Todo esto no sería nada descabellado, dado que el accidente deportivo, o el accidente cuando se está celebrando un evento deportivo, está dentro de lo posible y todas estas medidas podrían considerarse no sólo recomendables, si no que podríamos  incluso discutir si deben ser o no obligatorias, sobre todo en la competición federada de equipos de base.

No obstante, tampoco necesitamos dramatizar, dado que las lesiones más habituales y frecuentes son bastante leves, como pueden ser pequeños esguinces de tobillo, contracturas tras un golpe o caída, pequeñas distensiones de fibras por estiramientos o calentamientos deficientes, algún dedo que se ha doblado con el balón, etc. donde casi todos tenemos experiencias en ellas y con un mínimo de material podemos solucionar el problema en la misma pista, evitando el tener que acudir a un servicio de urgencias o a una farmacia de guardia. Por fortuna, lesiones más importantes como roturas fibrilares en toda regla, fracturas de huesos largos, esguinces cervicales,   traumatismos graves de rodilla o síncopes, son bastantes más raros, y por ello quizás se piense que más que equipar a un pabellón con una mini enfermería es más rentable llamar al 112 o al 061, dado que aunque dispusiéramos del espacio adecuado y del material, haría falta además personal cualificado para atender al jugador, lo cual sería todavía más difícil de conseguir y de planificar en un pabellón  que se usa a diario por una gran cantidad de equipos y a veces de distintos deportes.

Suele ocurrir, y es además algo muy español, que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, y muchas veces las medidas las tomamos a posteriori, después de que nos haya ocurrido algún caso de los que he descrito y ese día no dispusiéramos de ningún material para atender al jugador lesionado.

Este fin de semana, en el partido amistoso entre cadetes de la EBS y el Basket Cartagena 96, ocurrió uno de estos pequeños incidentes imprevistos que puso a prueba los medios sanitarios que disponía el Pabellón Virgen del Carmen para atender de primeros auxilios a un jugador lesionado. Estos medios como podéis imaginar fueron escasos, aunque si pudimos encontrar hielo sin salir del pabellón y antiinflamatorios tópicos, y por tanto se pudo suplir esta escasez de recursos con la buena voluntad y la colaboración de los que presenciábamos el partido. El fuerte golpe que recibió en el cuello y en la espalda el jugador número 13 de Salesianos, Miguel Ángel, por fortuna quedó sólo en un susto, ya que las lesiones al final resultaron sólo ser un esguince cervical y una contractura de varios músculos de la espalda, pero ante los síntomas que presentaba el jugador inmediatamente después del golpe, se optó por dejarlo tendido en el suelo, procurando que el cuello se moviera lo menos posible y esperar a que una ambulancia lo trasladara a un centro hospitalario una vez colocado el imprescindible collarín.

Aunque todo al final resultó muy bien, y todos quedamos muy satisfechos de cómo se desarrollaron los hechos y de cómo se actúo, los que somos profesionales de la sanidad, nos queda siempre por dentro esa inquietud de cómo habríamos actuado y con que medios si el golpe hubiera revestido mayor importancia y el jugador hubiera presentado por ejemplo alguna otra complicación, como por ejemplo una pérdida de conciencia o un traumatismo craneoencefálico. En ese caso cabría preguntarse si lo deberíamos de haber movido aunque no tuviéramos un collarín para inmovilizar el cuello y trasladarlo en coche al hospital más cercano, o si deberíamos de disponer en el mismo pabellón un material básico de reanimación como cánulas de mayo o ambú, que te permita ser menos alarmista de entrada y esperar a la llegada de la ambulancia con un mínimo de garantías.

Bien la pregunta la dejaré en el aire por que creo que la respuesta no está clara y que los medios materiales y el personal que sabe usarlos son limitados y no podemos de disponer de enfermerías bien dotadas en todos los pabellones donde entrenamos y jugamos. No obstante puede valer de reflexión para aquellas personas que toman decisiones a la hora de organizar una competición federada.

Por ello el propósito de esta entrada sólo ha pretendido concienciar de un problema bastante habitual como son las pequeñas lesiones y golpes durante un partido o entrenamiento, y de que la mayoría de estas lesiones las podemos atender sin tener grandes conocimientos de medicina si disponemos del material adecuado. Para ello, deberemos siempre revisar y actualizar nuestros botiquines de primeros auxilios para tenerlos siempre operativos, ya que no sabemos nunca cuando va a tronar Santa Bárbara. Por último, saber que cuando haya duda del alcance de una lesión lo mejor es llamar a una ambulancia y esperar a su llegada antes de tomar cualquier decisión, sobre todo si carecemos de los medios mínimos y material necesario para el traslado de un paciente a un centro hospitalario.

Pero antes de acabar, es obligado alegrarnos de la buena evolución de Miguel Ángel, el bravo jugador de la EBS que sufrió el aparatoso golpe el pasado sábado, y que se llevó un buen susto cuando cayó al suelo y vio que se mareaba y que le dolía mucho la espalda cuando intentaba mover las piernas. El chaval tuvo la serenidad de aguantar el tirón con gran madurez y calma, y desde luego nos alegramos muchísimo cuando nos enteramos que todas las lesiones que tenía se reducían a un esguince cervical y una contractura. Mucho ánimo Miguel Ángel, te deseamos desde aquí una rápida recuperación y que estés pronto en condiciones de volver a los entrenamientos y a la competición.

 

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comentarios
  1. Jesús dice:

    Tenemos la gran suerte de tener nuestros pabellones situados en zonas muy próximas a hospitales o centros de salud. No obstante, reconozco que los que decidimos en qué gastar los pocos recursos con los que contamos, nunca pensamos en cosas tan importantes como las que tú mencionas, seguro que por desconocimiento y porque, como tú bien dices, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Te sugiero, como experto en el tema, que nos pases una nota con los elementos que consideres imprescindibles para intentar que en un breve espacio de tiempo todos los pabellones en los que entrenamos y jugamos estén dotados de ese material (el Central sí tiene una buena enfermería con material). Otra cosa es que en el momento del no deseado accidente haya alguien presente con capacitación profesional para usarlo.

    • pablo dice:

      yo soi compañero de migeul angel …
      al caerse al suelo y estar un rato en la banda llamaron al 112… cuando entraron los dos medicos al pabellon… entraron con una pasimoniaa… ablando entre ellos , de sus cosas …
      Esto es indignante !

      • cartagenabasket dice:

        Pablo, además de que las prisas son malas consejeras, ten en cuenta que en la pista había también al menos un médico que acudió para ver el estado de Miguel Ángel, por suerte para todos su estado era estable y era preferible hacer las cosas con tranquilidad que querer correr. En mi opinión el tiempo que tardaron en llegar y su actuación fue bastante correcta, pero tu opinión es igual de respetable que la mía.

    • cartagenabasket dice:

      Jesús tomo nota de lo de la lista, pero quizás no sea tan sencillo, dado que igual de importante es hacer un esfuerzo y comprar el material necesario, como después ir reponiendo lo que se use y mantenerlo operativo. Por último estaría el problema que tu comentas al final. que el material puede estar, pero el día que se necesite no encontremos a ninguna persona capacitada para usarlo con garantías. Efectivamente el Pabellón Central y la mayoría de los pabellones donde juegan equipos senior suelen estar en teoría bien equipados, quizás el problema se pueda producir más en los pabellones donde sólo juegan equipos de categorías de base y en los entrenamientos.

  2. francisco dice:

    Yo viví una lesión parecida en un pabellón municipal de aquí de Cartagena y los medios eran igual de malos y lo peor fue que la ambulacia tardó 50 minutos en llegar. Por eso mi consejo a partir de aquel día, (aunque alguno me dirá que no se debe hacer o no es conveniente) es exagerar un poco la lesión o decir que parece que está a punto de perder el conocimiento, para que le den un poco de prioridad. Logicamente cada caso es un mundo y habría que ver cada lesión por separado.
    Yo creo además, que los clubs deberian de ofrecer cursos de primeros auxilios obligatiros para unos y voluntarios para otros. Incluso así, (yo he hecho algunos cursos) y creo que sería incapas de utilizar bien una canula en un caso real, pero mejor tener los cursos que actuar sin unos conocimeintos mínimos.
    por curiosidad ¿cuanto tardó la ambulancia?

    • cartagenabasket dice:

      Gracias por tu comentario. Es interesante lo que apuntas de los cursos, pero es evidente que una cosa es la teoría y otra es la práctica, yo también he tenido que hacer un curso obligatorio de como actuar en caso de incendios, pero no es lo mismo usar el extintor durante un simulacro que cuando el fuego es real y está en juego la vida de las personas.
      Por último, el tiempo que tardó la ambulancia no fue excesivo, quizás entre 10 y 15 minutos, 20 a lo sumo, aunque cuando sucede habitualmente este tipo de accidentes parece que el tiempo pasa muy despacio y que la ambulancia no va a llegar nunca.

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