leyes no escritas

Publicado: octubre 31, 2010 en Crónicas de partidos, Opinión

El baloncesto, al igual que el resto de deportes, tiene sus máximas o adagios, que a modo de frases cortas memorables, constituyen todo un conjunto de reglas y de leyes no escritas, que se suelen cumplir con mucha frecuencia y exactitud semana a semana, y cuando se incumplen o se transgreden esas leyes, se suele decir que es la excepción que confirma la regla. El equipo cadete del “96” del Basket Cartagena, se empeñó esta tarde de sábado en romper al menos con una de estas máximas, ya que la “ley” suele decir que:  “cuando un equipo es capaz de remontar 20 puntos durante un partido y se pone por delante del marcador al menos de 1 punto, y sobre todo si es en el último cuarto y en los últimos 5 minutos, este equipo acabará ganando el encuentro”. Dicho con otras palabras, que cualquier remontada que se precie, debe de cumplir la norma de sobrepasar a tu rival al menos de un punto, y si esta se produce en el último cuarto y a falta de pocos minutos, entonces tendrás todas las opciones de victoria.

Pues bien, este sábado los cartageneros quisieron saltarse a la torera esa ley no escrita, y después de conseguir un parcial de 20-0 en los primeros 6 minutos del primer cuarto, vieron como al descanso sólo les quedaban 3 pírricos puntos, pero desde ahí y a base de sangre, sudor y lágrimas, fueron capaces de aguantar hasta la mitad del último cuarto con algún punto de ventaja en su casillero para evitar que se cumpliera la dichosa ley, y cuando se vieron al final sobrepasados por los del Molina Basket, nos dejaron a todos con la boca abierta, sacando fuerzas de flaqueza, y con una serenidad que sólo tienen los buenos equipos, ganando al final de 1 glorioso punto, que sirve para estrenar el casillero de victorias a los pupilos de Pedro Murillo.

Club Basket Cartagena “96” 66 – Molina Basket “95” 65

Jornada 3, Liga Regular cadete masculina, Grupo A

Sábado 30 de octubre 2010; 17:00 horas

Pista Salvador Rosique, Pabellón Virgen del Carmen.

Cartagena

Los que me conocen y entran habitualmente en este blog, saben que en mis crónicas sobre los partidos, suelo recurrir mucho a la épica y a la heroica para explicar su desarrollo. Pero creo que en este post tendría que hacer un gran esfuerzo y faltar a la realidad para dejar al lado la épica, ya que este encuentro entre cartageneristas y molinenses, tuvo una elevadísima dosis de lucha y sufrimiento por parte de los dos equipos, y su parte final, una vez más en este deporte único, fue de los que llamamos “de auténtico infarto”.

Quizás lo más difícil de explicar de este partido es sin duda para mi, el escandaloso parcial de 20 a 0 que encajó el Molina Basket en 6 aciagos minutos, donde el equipo que parecía de segundo año era el cartagenero. Sin querer entrar a juzgar decisiones técnicas, el quinteto inicial de los visitantes mostró demasiados nervios e imprecisiones, ya que los locales frenaban muy bien las subidas del balón de sus rivales, y cortaron numerosas líneas de pase durante estos minutos. Pese a todo, uno miraba a los hombres del banquillo del equipo de Molina, y sabía que la decoración podría cambiar en cualquier momento. Y así fue, tras un cuádruple cambio de jugadores en las huestes visitantes, las rotaciones de los hombres interiores del Basket Cartagena, obligados por las personales cometidas en el primer cuarto, y el desafortunado esguince de tobillo del jugador local Álvaro, cambiaron las tornas del encuentro, y los cartageneros dejaron de cortar líneas de pase y de ser fluidos en ataque, mientras que los de Molina atacaban con mayor orden, defendían con mucha más contundencia y comenzaban a dominar en la pintura y en los rebotes. Por ello al final del primer tiempo a la ventaja cartagenera de 20 puntos, le pasó lo mismo que a los dineros del sacristán, cantando se vienen y cantando se van.

Pero no se volaron todos los puntos, quedaron 3 enormes puntos al final de los primeros locos veinte minutos, todo un tesoro para los de Pedro Murillo, que además se empecinaron en guardar a toda costa durante la segunda parte, y demostrando una casta que creíamos perdida hace 7 días ante el equipo de Infante, se dejaron literalmente la piel en la pista, para al final del partido conservar uno sólo de ellos, valiosísimo, que fue suficiente para la victoria.

En este segundo tiempo los locales recuperaron algo de lo que habían carecido en las dos primeras jornadas, el rebote defensivo, y este fue la clave para ir manteniendo, eso sí, a duras penas, la escasa ventaja obtenida en el marcador, y que obligaba al equipo de Molina a afinar la puntería y encestar a la primera si querían que su ataque fuera positivo. Pero también recuperaron algo aún más importante para afianzar su moral, confianza y seguridad en la subida del balón, con muy pocas perdidas, y sin cometer errores no forzados, ya que si los visitantes querían robar el balón tenían que ir con fuerza a por él, con el consiguiente riesgo de la falta personal.

Pero el momento clave estuvo a falta de 4:55 para el final, cuando una gran ovación de la ruidosa afición de los del Molina Basket, premiaba que su equipo se hubiera puesto por delante en el marcador por primera vez desde el inicio del partido. El 56-57, que reflejó entonces el marcador, parecía el principio del fin de las ilusiones de los de Pedro Murillo, y la sombra de la tercera derrota consecutiva cartagenera hizo acto de presencia en la pista Salvador Rosique.  A esas alturas de partido, con dos jugadores interiores con 4 personales y la lesión ya comentada de Álvaro, impedían ser muy optimistas a los locales, pero aún así decidieron vender cara esa hipotética derrota. De donde sacaron la serenidad, no lo sé, de donde sacaron fuerzas, lo desconozco, de donde sacaron precisión en el tiro, ni me lo imagino, pero el caso fue que los nervios y las imprecisiones estuvieron en las manos de los de Molina que perdonaron en exceso desde la línea del tiro libre. Y al final ya sabemos, el que perdona acaba perdiendo, y al final gana el que menos falla, y esta vez, ese fue el Basket Cartagena “96”.

Indudablemente el encuentro no fue un partido de derroche técnico y de jugadas de mérito, y tampoco se vio un baloncesto de alta escuela, pero los de Molina mostraron oficio con un potente juego interior y una fortaleza defensiva nada desdeñable, aunque su juego de ataque fue algo desordenado y anárquico, pese a ello, lograron anotar varias veces desde el 6,25 y meter buenos balones interiores en la pintura. Contra la fuerza, sólo cabe la cabeza, y los de Murillo, nuevos en la categoría, la tuvieron bien plantada sobre sus hombros, y confiaron mucho en ellos mismos, quizás este aumento de autoestima, es la única receta válida para que esta temporada sea algo más que una temporada de transición o de preparación para la próxima.

Si hace una semana usábamos la frase “jugad, jugad, cadetes”, esta semana tendremos que reconocer que el equipo cadete del 96 del Basket Cartagena lo ha hecho y además con acierto. Por ello, si al final la diosa Fortuna nos hubiera asignado el papel de la derrota, no habría importado demasiado, dado que el equipo mostró en la pista lo que hay que hacer para divertirse y progresar en este deporte, y esa actitud que demostraron, con una pequeña dosis de esa Fortuna que nunca pueda faltar, es lo que nos puede permitir en el futuro afrontar grandes empresas.

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