con cierto aire de nostalgia

Publicado: marzo 27, 2011 en Opinión

Aunque parece que fue ayer cuando comenzó, la fase regular de la liga junior es ya historia, y algunos jugadores, en particular los de la generación del 93, están agotando sus últimos partidos en las categorías base del baloncesto regional, y se preparan para los decisivos play off donde ya no hay margen para el error, y donde cualquier despiste se paga con vacaciones anticipadas y el colgar las botas en lo que a la competición oficial se refiere. El año próximo tendrán que compaginar estudios superiores y deporte, y lo tendrán complicado a la hora de encontrar un equipo senior que les permita alargar su vida deportiva de jugadores federados.

Atrás van quedando muchas horas de entrenamientos y muchos partidos, donde temporada tras temporada, jugadores y padres de jugadores, hemos sufrido y hemos disfrutado de este gran deporte. Y es que en las categorías base, desde benjamines, hasta junior, además del jugador, han sido el padre, la madre, el abuelo, la abuela, el hermano o la hermana, los incondicionales seguidores de los equipos semana tras semana, y se han convertido ellos también en una parte no sólo importante, sino en algo imprescindible para llevar el barco del equipo y del club a buen puerto.

Está claro que estos equipos, salvo una excepción,  no se financian solos, y que los distintos clubes necesitan no solo el dinero paterno o materno para pagar la formación del jugador y los gastos derivados de la competición, sino que también precisan el imprescindible apoyo familiar para acudir a los entrenamientos y partidos semanales, llueva o truene, haga frío o calor, colaborando incluso en el transporte cuando el partido se juega fuera de nuestra pista. Además tampoco viene mal en ocasiones ese aliento desde la grada como estímulo para superar situaciones complicadas. Acostumbrados a ver películas americanas, con niños traumatizados por que su padre o su madre no fue a verlo jugar el fin de semana, queremos que nuestros retoños no sufran ese mal trago, y hacemos un esfuerzo para dejar siempre que podemos nuestras obligaciones, o nuestros hobbies, y acudir religiosamente a todos los partidos que podemos. Incluso algunos hacen algo más y se implican en las directivas de los clubes, o bien como delegados de campo o de equipo, y en ocasiones también dan un paso más hacia delante y realizan cursos de entrenador o crean su propio blog para expresar su opinión.

Todo ello es sin duda muy positivo, pero indudablemente tiene también sus peligros. Por mucho delegado que seamos, o vocal de una directiva, o nos sentemos en un banquillo como entrenador, o nos animemos a escribir un blog, nunca dejamos de ser padres, y los intereses de nuestros hijos van a estar siempre que podamos, al menos en el subconsciente, por encima del colectivo. Quizás por ello ese sea uno de los puntos que crea esa relación amor-odio entre el club y los padres, los dos se necesitan, pero sus objetivos no siempre suelen coincidir, y sus puntos de vistas por tanto son a menudo muy distintos.

En el único punto que suelen coincidir los padres y los clubes,  es que ambos buscan la mejor formación como persona y como deportista del jugador, pero a partir de aquí, los métodos y los esfuerzos para lograrlo son distintos. Mientras que unos quieren que su hijo juegue los 40 minutos del partido y que tire a canasta desde cualquier posición y circunstancia, incluso aunque no haya podido entrenar durante la semana, los otros se empeñan en la disciplina y que todos los jugadores jueguen en equipo, pasen el balón a otros mejor situados, y compartan los minutos de juego con el resto de los compañeros. Aunque desde la barrera parece claro decidir cual de los dos posturas es la que debe de predominar sobre la otra, hemos de reconocer que en la practica se observan en ocasiones decisiones desde los banquillos que cuesta trabajo entender, y cuyos resultados no son a corto plazo nada buenos. Por el contrario, desde la grada, no todo es tan malo como a veces se dice, y no sólo se escuchan críticas al entrenador de turno y a los compañeros del vástago, sobre todo si no se dignan a pasarle la pelota a mi niño, sino que son muchos los padres y familiares que además de pasárselo bien viendo el juego del equipo, animan incansables, y como hemos dicho anteriormente, se comprometen con el equipo.

Por desgracia, en esta temporada se han multiplicado las situaciones conflictivas desde la grada, pasando a ser habitual, situaciones que en años anteriores eran esporádicas. Quizás contagiados algo por el mundo del fútbol y sus paranoias, las gradas de las canchas de baloncesto en las categorías base se han ido calentando en exceso durante este último año, produciéndose enfrentamientos verbales no sólo contra los árbitros, algo siempre habitual y que parece formar parte del espectáculo, sino a veces contra jugadores y aficiones rivales.   Tampoco los banquillos han ido a la zaga y hemos visto demasiadas faltas técnicas a entrenadores, jugadores y delegados, con más descalificaciones de las deseables, siendo algunos los que han buscado esa escusa para defender que son las protestas de los banquillos las que calientan el ambiente en la grada, lo cual además de ser discutible, en mi opinión no es cierto.

Estos conflictos en la grada durante la actual temporada, ha provocado alguna que otra campaña por parte de los clubes, pero cuyos resultados además de dudosos, aún es pronto para verlos. Aunque no debemos de caer en el dramatismo, dado que de momento los enfrentamientos entre aficiones y jugadores han sido afortunadamente casos muy puntuales, y posiblemente todo vuelva a la calma en la próxima temporada, no está mal tomar medidas preventivas para evitar estos siempre desagradables incidentes. Dado que en estas categorías las aficiones son los padres, familiares y amigos del jugador, está claro donde debemos incidir para que las cosas no pasen a mayores, y todo se quede en las tradicionales, y yo creo que inevitables, increpaciones a los árbitros.

Bien después de estas reflexiones en voz alta, intentaremos vivir este fin de temporada en la categoría junior con toda la pasión que podamos, siempre que nuestro equipo esté a la altura de las circunstancias y se esfuerce en lograr los mejores resultados posibles. Animemos a los nuestros y dejemos que la afición rival haga lo propio con los suyos, y que el árbitro haga bien su trabajo, y tenga sus grandes aciertos y estrepitosos fallos, que como persona humana que es, está en su derecho de cometer. Respetar para que me respeten, como bien dice una campaña de un club de la Región que me es muy cercano, aunque la cuestión no es colgar una pancarta que lo manifieste, sino empezar una complicada tarea de educación en las categorías más pequeñas, y que dentro de unos años veamos los resultados, siempre y cuando el resto de clubes hagan lo mismo, dado que lo de poner la otra mejilla dado el laicismo reinante va a ser complicado.

Club Basket Cartagena 68 – CB Jairis 62

Jornada 26 liga regular junior masculina

Sábado 26 de marzo 2011; 12:30 horas

Pabellón Cabeza Beaza. Cartagena.

Último partido de liga para los pupilos de Pepe García, donde los cartageneros no se jugaban nada en absoluto, dado que la tercera plaza estaba matemáticamente asegurada desde hacía un par de jornadas, y no peligraba ni un ápice, incluso después del terrible traspiés de hace una semana en la cancha de Jesuitinas donde los departamentales hicieron quizás el peor partido de la temporada, superando incluso al que disputaron en Lorca y Cehegín en la primera vuelta. Por su parte, los de Andrés Francés, después del regalo del Basket Cartagena a Jesuitinas, tenían que intentar ganar este partido para ser octavos y esperar una previsible derrota de Jesuitinas ante el Molina Basket 93. La derrota en cambio, no sólo les condenaba a la novena plaza, si no que incluso amenazaba con convertirse en la décima si Begastri ganaba el partido que le queda por disputar.

El comienzo del partido no obstante fue engañoso, ya que vimos a un Basket Cartagena motivado, con ganas de lavar la mala imagen de hace una semana, y que tomaba la iniciativa en el marcador, y un CB Jairis resignado ante la teórica superioridad del rival. Pero nada más lejos de la realidad, la superioridad de los locales si iría transformando en exceso de confianza y falta de ganas, mientras que los visitantes se irían metiendo progresivamente en el partido lo que impediría que este se rompiera en los tres primeros cuartos, y que se estrechara el marcador hasta límites insospechados en el último cuarto.

Los de Pepe García jugaron pues a ráfagas y sin profundidad, con excesiva confianza en defensa y falta de concentración, que iba aumentando conforme avanzaba el partido, viviendo sólo de esporádicas inspiraciones en ataque, escasas pero suficientes, para derrotar a un Jairis que nunca creyó en la victoria, ni siquiera cuando se vieron a tan sólo dos puntos por debajo, a falta de menos de un minuto para acabar el partido. Pese a todo, los de Alcantarilla fueron más constantes en su juego que los locales y mostraron mayor concentración, y pese a la escasez de recursos en su juego de ataque, la desgana cartagenera en la defensa individual a toda la pista, les permitió anotar con facilidad al contraataque, y les puso a tiro una victoria que de producirse no podríamos haberla considerado injusta.

El partido no tuvo más historia digna de mención, y sólo en el tercer cuarto ambos equipos soltaron el brazo atinando con la canasta rival, y nos ofrecieron su mejor juego de ataque, eso sí, facilitado por defensas excesivamente relajadas, que nos permitió asistir a un bonito intercambio de canastas. En el último cuarto volvió la imprecisión y el juego renqueante cartagenero, que veía como se reducía su ventaja que había rondado los 10 puntos durante casi todo el partido, a tan sólo 2 puntos en el último minuto, y que al final el partido tuviera que decidirse por acciones individuales y no por el juego de conjunto.

Acabó por tanto la liga regular, y con ello se han de terminar los altibajos y las “pájaras”, llegan los play off y ya no se debe fallar, dado que en las eliminatorias valen todos los puntos que se consigan en los dos partidos y por ello no se puede regalar nada sin sufrir las consecuencias de la eliminación y no alcanzar la deseada final a cuatro. Los cartageneros han demostrado que cuando quieren pueden, incluso ante rivales como el todopoderoso CB Murcia, al que le ganaron el primer cuarto del último partido que disputaron en la pista auxiliar del Palacio de los Deportes, antes de que los árbitros suspendieran el partido en el segundo cuarto ante el mal estado del parquet.  También mostraron garra y poder de reacción en el “infierno de Archena” (metafóricamente hablando, claro), cuando el equipo local espoleado por su afición tomó el mando en el marcador en el último cuarto, y vendieron también cara su derrota en casa ante otro de los favoritos, el Molina Basket 93, al que le pusieron las cosas muy difíciles. En fin, carácter y fuerza hay lo suficiente para suplir la falta de altura, uno de sus hándicaps, y el buen trabajo que ha realizado Pepe García con ellos podría dar sus frutos en este final de temporada, para ello hay que creérselo, luchar hasta el último segundo y evitar las peligrosas relajaciones que hemos vivido en los 3 últimos partidos de la liga regular. Llegar a la final a cuatro será el premio si hacen las cosas bien, y una vez allí a disfrutar de dos partidos más jugando baloncesto ante los mejores rivales posibles.

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